La pregunta que más nos hacen los estanqueros es sencilla: ¿cuánto vale mi negocio? La respuesta honesta es que depende de varias palancas que conviene entender.
El punto de partida: la facturación
El precio de traspaso suele expresarse como un múltiplo sobre la facturación o sobre el beneficio neto anual. Ese múltiplo no es fijo: sube con la calidad de la ubicación y la solidez de las cuentas.
Ajustes al alza y a la baja
Una licencia con muchos años por delante, un local en propiedad o una clientela fidelizada empujan el precio hacia arriba. Una dependencia excesiva de un único cliente o un contrato de alquiler a punto de vencer lo corrigen a la baja.
Valorar un estanco es traducir su futuro probable a una cifra de hoy.
Nuestra valoración cruza los datos verificados con operaciones reales cerradas en plazas comparables. Así el precio no es una opinión, sino un rango defendible ante cualquier comprador.